Nunca soy tan yo misma, que cuando más triste estoy.

Cuando me detengo al borde del abismo de la desesperación, cuando me sumerjo en el mar de la angustia...

Nunca, como cuando estoy más triste, me encuentro tan cercana a mi alma, a mi propio ser. Puedo palpar en esos momentos sombríos mis costados más propios, mis múltiples personalidades, mis dudas y miedos.

Nunca hallo más claros mis pensamientos, como cuando me acorrala la pena. Cuando me cerca en la esquina de la locura, cuando vuelve como mil gaviotas la desesperación callada... como un grito silencioso que brota de mis entrañas negras.

¿Ser yo, o no ser yo? ¿Engañarme con la superficialidad de la alegría del momento, o volver a la esencia, a la raiz, a la madre tierra?

Solo una pregunta con infinitas respuestas